miércoles, 15 de enero de 2014

NUTRICIÓN Y DIETÉTICA INFANTIL I

INTRODUCCIÓN

Bienvenidos a este curso de Nutrición y Neuronutrientes en la carrera técnica de:
“Asistente Educativo y Puericultura” 
Es un placer trabajar en este tercer semestre con estudiantes tan especiales, quiero compartir con ustedes estas palabras que encontré en el sitio "amarse a uno mismo"

Al estar dedicados al cuidado de los infantes, de forma automática adquirimos una gran responsabilidad por lo que requerimos desarrollan valores como el amor, la paz, la tranquilidad, la armonía del grupo, la seguridad.  Esto hace que el lugar de trabajo, se convierta en un refugio para los pequeños que desde el momento en que se encuentran a nuestro cargo, es porque requieren la atención que en ese momento sus padres no pueden cubrir.
Casi toda nuestra programación, tanto negativa como positiva, es algo que aceptamos en la época en que teníamos tres años.  A partir de entonces, nuestras experiencias se basan en lo que en aquel momento aceptábamos y creíamos de nosotros mismos y de la vida.  La forma en que nos trataban cuando éramos muy pequeños es habitualmente la forma en que ahora nos tratamos. 
Si es usted una de esas personas que se encolerizan consigo misma porque son temerosas y pusilánimes, piense que tiene tres años.  Si tuviera delante a un niño de tres años que tuviera miedo, ¿Qué haría? ¿Se enfadaría con él, o le tendería los brazos y lo consolaría hasta que se sintiera cómodo y seguro? Quizá los adultos que lo rodeaban cuando usted era pequeño no hayan sabido como consolarlo entonces.  Ahora usted es el adulto en su vida, y si no sabe consolar a la criatura que lleva dentro, realmente es algo muy triste.
Lo que se hizo en el pasado está hecho, lo pasado, pasado.  Pero este momento es el presente, y ahora usted tiene la oportunidad de tratarse como desea que lo traten.  Un niño asustado necesita que lo consuelen, no que lo reprendan.  Si usted se reprende, se asustara más, y no encontrara a quien volverse.  Cuando el niño de dentro se siente inseguro, crea muchísimos problemas.
¿Recuerda como se sentía cuando lo humillaban de pequeño? Pues de la misma manera se siente ahora ese niño que lleva dentro.
Sea bondadoso consigo mismo.  Empiece a amarse y a demostrarse aprobación.  Es todo lo que necesita para expresar al máximo sus potencialidades.
Compartimos lo que tenemos en nuestro interior, no podemos profesar amor y cuidados a nadie si no somos capaces de amarnos y cuidarnos a nosotros mismos.  Amarse a uno mismo no tiene nada que ver con sentimentalismos ni cursilerías.  Se trata de un asunto bastante más serio.  Al hablar de amor, nos referimos a los pensamientos, palabras, actitudes y comportamientos que nos profesamos a nosotros mismos.  Así, amarnos es sinónimo de escucharnos, atendernos, aceptarnos, respetarnos, valorarnos y, en definitiva, ser amables con nosotros en cada momento y frente a cualquier situación.
El primer paso para amarnos consiste en conocernos, comprendiendo como funcionamos para diferenciar lo que deseamos de lo que verdaderamente necesitamos para ser felices.  Y aunque en un primer momento lo parezca, este proceso de autoconocimiento no es un fin en sí mismo. Es el medio que nos permite adueñarnos de nuestra mente, superando a través de la aceptación y el amor nuestros miedos, complejos y frustraciones.
Si no aprendemos a ser felices de forma autónoma e independiente, es imposible que podamos ser cómplices de la felicidad de las personas que nos rodean.  No en vano, al vivir dominados por nuestras carencias, nos relacionamos desde la carestía, pendientes de que los demás nos den eso que no hemos sabido darnos.  Por el contrario, al conectar con nuestra fuente interna de bienestar y dicha, entramos en la vida de los demás desde la abundancia, ofreciéndoles lo mejor de nosotros sin necesitar ni esperar nada a cambio.
Cuando tomamos el compromiso de amarnos, lo que en verdad estamos asumiendo es la responsabilidad de crear en nuestro interior los resultados de bienestar que antes solíamos delegar en factores externos.  Y esto pasa por cuidar nuestro cuerpo y nuestra alimentación.  También por encontrar un sano equilibrio entre la actividad, el descanso y la relajación.  E incluso por elegir con quien nos relacionamos y a que nos dedicamos profesionalmente.  El síntoma más evidente de que estamos cultivando el amor hacia nosotros mismos es un aumento notable de nuestra energía vital, lo que mejora nuestra salud física y emocional.
Además, al llevar un estilo de vida coherente y equilibrada podemos enfrentarnos al mayor reto de todos: recuperar el control sobre nuestra mente.  Solo así podemos nutrir y reforzar nuestra autoestima.  Y esto pasa por dejar de perturbarnos por no alcanzar el ideal de la persona que debiéramos ser, al tiempo que comenzamos a aceptarnos y amarnos por la persona que somos.
Al adueñarnos de nuestros pensamientos nos convertimos en los creadores de nuestra experiencia interior.  Es decir, de nuestras emociones, sentimientos y estados de ánimo.  Y al adueñarnos de nuestra experiencia interior nos convertimos en los amos de nuestro destino.  Se sabe que nos amamos cuando ningún comentario, hecho o situación provoca que reaccionemos mecánica e instintivamente.  Metafóricamente, a esta “libertad psicológica” también se la denomina “el poder de la divinidad”.
Es hoy cuando debemos iniciar los cambios los cuales requerirán de nuestro esfuerzo y persistencia, identifiquemos pues, de forma personal, cuáles son nuestras habilidades, valores, y puntos fuertes, así como también los puntos que consideramos que debemos reforzar con el fin de refinar nuestra persona. 

 “El ser una mujer justa es algo glorioso a cualquier edad; el ser una mujer justa durante… esta época… es en verdad un llamamiento noble y especial.  La fortaleza e influencia actual de una mujer justa puede tener un valor muy superior al que tendría en tiempos más pacíficos.  Ella fue puesta aquí para ayudar a enriquecer, proteger y salvaguardar el hogar, que es sin lugar a dudas, la institución básica y más noble de la sociedad”.

Spencer W. Kimball